🌸 La lámpara y la luciérnaga
En un pequeño pueblo, donde las noches eran tan oscuras que las estrellas parecían lámparas colgando del cielo, vivía una vieja lámpara de aceite en la esquina de una calle.
Llevaba tantos años allí que sus tornillos estaban oxidados y su vidrio, opaco. Aunque ya no brillaba como antes, seguía encendiendo cada noche para guiar a los caminantes.
Una tarde, una luciérnaga se posó junto a ella.
—Hola, abuela luz —dijo la luciérnaga con cariño—. He notado que tu luz es débil, ¿quieres que te ayude?
La lámpara suspiró.
—Oh, pequeña, gracias, pero soy tan vieja que dudo que mi luz importe ya.
La luciérnaga encendió su pequeño destello y comenzó a revolotear alrededor. Entre su chispa y la luz suave de la lámpara, la calle se iluminó más de lo que cualquiera recordaba.
Los vecinos que pasaban sonreían, algunos tarareaban canciones, otros simplemente caminaban más tranquilos, como si esa mezcla de luces pequeñas y grandes les recordara que la noche no era tan oscura.
—¿Ves? —dijo la luciérnaga—. No importa si tu luz es pequeña o grande. Cuando se une a otra, siempre crece.
Desde entonces, la lámpara ya no temía apagarse. Había aprendido que la luz no se mide en intensidad, sino en la calidez que deja en quienes la reciben.
✨ Moraleja: No subestimes el poder de tu luz, por pequeña que parezca; al compartirla, siempre se multiplica.
“Adaptado y compartido por Rincón Con Alma”

Comentarios
Publicar un comentario